Somos los actores de una obra. La voluntad divina nos ha asignado papeles en la vida sin consultarnos nada.
Algunos de nosotros actuaremos en un drama breve; otros en uno largo. Puede que nos asignen el papel de pobre, de tullido, de distinguida celebridad, de dirigente o de ciudadano normal y corriente.
Aunque no podemos controlar el papel que se nos asigna, nuestro afán debe ser interpretar el papel asignado tan bien como sea posible y abstenernos de quejarnos del mismo.
Sea donde fuere en cualquier circunstancia, ofrece una actuación impecable.
Si tienes que leer, lee; si tienes que ser escritor, escribe.
Epícteto. Los discursos. 55 D.C.
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